Bastions 2021 – Volvemos a competir

Ha llegado el mes de Junio. El camino hasta aquí ha sido, como mínimo, tortuoso. Después de a fractura del peroné derecho, y a causa de una mala readaptación deportiva (por un muy mal asesoramiento deportivo, no vamos a darle más vueltas al asunto), a inicios de año volví a caer en lo que resultó ser un cuadro lesivo más bien mecánico, relacionado con tejido blando, en el mismo tobillo derecho. Ahora estoy en buenas manos, los progresos son lentos pero evidentes. Laia, mi nueva entrenadora, no ve del todo claro que haya llegado el momento de volver a competir, pero lo deja en mis manos «como veas, pero escucha a tu cuerpo».

Es media tarde cuando llegamos a Ribes de Freser. Estamos contentos y emocionados. Llega el verano, el buen tiempo, y poco a poco dejamos atrás el ambiente de pandemia y restricciones. Yo, sin embargo, aun que no lo diga, estoy algo preocupado. Esperaré hasta el último momento para decidir si competiré o no, y tengo algo de miedo.

Dejamos las cosas en el apartamento que ocuparemos todo el fin de semana, salimos a dar un paseo por la montaña con Gala, que se lo pasa bomba, y nos vamos a recoger el dorsal. Volver a respirar e ambiente de competición es muy muy emocionante.

Esta vez no me enfrentaré a la larga distancia, van a ser solo 21km, pero van a ser decisivos para mi, del primero al último.

Al atardecer salgo a trotar; el track de la carrera pasa al lado del apartamento, así que aprovecho para reconocer unos pocos kilómetros. El tobillo se porta bien, alguna molestia menor, pero me siento más o menos seguro y, sobre todo, con ganas de ponerme a prueba. En competición todo cambia, y necesito volver a tener esa sensación. Así que la decisión está tomada. Correremos.

Me levanto a las 6 de la mañana, ya lo tengo todo listo, así que me visto y desayuno. Mi amigo Jerónimo y yo bajamos en coche hasta la estación de tren, donde recogemos a Stefano, que acaba de llegar desde Barcelona, para compartir esto momentos conmigo. Ellos no saben lo importantes que son en la ecuación: no corro solo. Juntos nos dirigimos a la línea de salida. Ellos buscan un lugar donde estar cómodos para ver la salida y yo empiezo a calentar: mientras troto arriba y abajo le envío un audio a Laia: «Hola Laia, buenos días. Finalmente lo haremos, vamos a competir. A ver que pasa!«

Por motivos sanitarios (por el maldito COVID19), la salida es escalonada: salimos en grupos de 40 personas. Yo salgo en uno de los últimos grupos, y la verdad es que lo agradezco. Ya nos toca. Entramos en el cajón, caminamos hacia la salida… 5, 4, 3, 2, 1… ¡Vamos!

Arranco, me subo al tren de Bastions 2021, estamos en marcha, y yo casi no me lo creo. Empiezo tranquilo y conservador. La competición empieza con una bajada que rápidamente nos lleva hacia el sendero que nos llevará montaña arriba. Y en la subida empiezo a apretar. Tengo a muchísima gente por delante, he salido en uno de los últimos grupos, así que empiezo a adelantar a cantidad de gente, y eso me ayuda: no puedo estar preocupado por mi posición, es imposible calcularla, y por otra parte la sensación al pasar a decenas de corredores me hace sentir seguro,

El track es maravilloso: esta zona me encanta, es muy muy bonita y hace un día espectacular. Voy adelantando a corredores a decenas: sé que es normal, que no significa nada (hemos salido escalonados), pero me hace sentir seguro y tranquilo. Adelanto a Kaius Bonus, lo reconozco enseguida «Kaius!» le grito, Me mira y me sonríe, «Nico! Dale caña!». Lo veo fatigado y le pregunto si está bien, y me responde riéndose «He pillado un pájaro al vuelo ¡Pero tu dale!».

Mi Suunto9 marca el km 5. «Solo 17 por delante» pienso para mi. Consulto rápidamente el perfil, aún queda desnivel por un tubo. ¡Seguimos! Vuelvo a centrarme en el sendero. Mucho antes de lo que esperaba, llegaos arriba, y me enfrento a las primeras bajadas. El terreno de carrera me beneficia, es técnico pero no demasiado, gran parte discurre entre bosque cerrado, lleno de raíces, piedras, saltos y escalones: aquí me desenvuelvo con cierta soltura. Pero ahora llegan las primeras bajadas, y eso me da miedo, me frena: es aquí donde pondré el tobillo a prueba (o al menos, eso es lo que yo pensaba en ese momento). Puedo hacer dos cosas: tomármelo con calma, y bajar contenido (como le había dicho a Laia que haría) o bien puedo intentar recuperar al menos parte de mi chispa, y bajar rápido y ágil. Tras un breve segmento de pista nos metemos de lleno en un sendero de bosque cerrado, que baja muy en vertical. Alguien ce me acerca por detrás, y veo a un grupo de corredores allí abajo, avanzando. Me lanzo. Acorto la zancada, aumento la frecuencia, y empiezo a bajar mientras guardo las bastones. Me tiro, sin pensar demasiado. El que ce acercaba por detrás se oye cada vez más lejos, y en unos pocos segundos alcanzo a los que me precedían, que me dejan pasar. Sigo avanzando, cada vez más rápido. Me siento bien.

Tras un buen rato de toboganes, que me llevan arriba y abajo por el bosque, llegamos a la zona que exploré el día antes, cerca del apartamento en el que estamos alojados: desde aquí, tras algunas pequeñas cuestas, será todo bajada. Sobrevuelo los avituallamientos, no me paro en ninguno, no lo necesito: llevo 2 bidones de Tailwind de 600ml, y con eso tengo más que de sobra.

La ultima bajada desde allí es larga: un sendero pedregoso que serpentea de izquierda a derecha, que nos lleva de vuelta a Ribes. Otro corredor se me pega «¿Quieres pasar?» Le pregunto,. «¡Para nada! Marca tu el ritmo, vamos genial». Sonrío y, en un descuido, meto mal el pie, resbalo y empiezo a caerme por el margen del camino expuesto al barranquillo (una caída considerable). Me agarro a un arbusto, y vuelvo a ponerme de pie de un brinco. Todo en fracciones de segundo, Sudor frío. Casi la lío parda. Al chico de detrás de mi se le escapa un grito «¡Ostias!». Chequeo todo mientras sigo corriendo: está todo bien. «Casi la lio», le digo, EL m responde que no me preocupe, que se habría parado a ayudarme, pero que susto le he dado (todo mientras se ríe). Seguimos bajando y llega ese mágico momento: se oye la megafonía de meta. Me emociono muchísimo.

Tras una curva veo a otro corredor: va lento, y corre raro. Algo le pasa. Al pasar por su lado le pregunto: «¿Va todo bien?». El me responde mientras extiende la mano: «Se me fue el dedo a la puta», dice con acento argentino, Afectivamente, tiene la mano llena de sangre y el dedo anular del revés, mirando hacia fuera. Imagino que vio mi cara de espanto y, antes de que yo pudiese decir más, me dice «Tu dale, no te preocupes, ya legamos». Dudo un momento, y luego sigo.

Llegamos a Ribes: paso la plaza del pueblo, cruzo el puente, y empiezo a subir la última cuesta de asfalto: una tortura, pero ¡Que sensación! Hay mucho público, a lado y lado de la carretera. Yo aprovecho y hago broma con ellos; gesticulo como si estuviese nadando, y luego como si me ayudara de una cuerda para subir, Se ríen, y yo me río. Busco entre ellos a Mariona y a Gala, y a Jerónimo y a Stefano, pero no están. Cruzo la meta: la verdad es que no puedo estar más feliz. Me ponen la medalla y llamo a Mariona, que me explica que están llegando, que no esperaban que llegara tan pronto. Gala está súper emocionada y ansiosa por verme llegar. «No te preocupes, ir a la meta y esperar, volveré a pasar».

Paso por detrás, vuelvo a la plaza del pueblo y, cuando Mariona me confirma que ya están en meta, vuelvo a arrancar. Vuelvo a cruzar la plaza, vuelvo a subir la cuesta, esta vez más rápido, aún más animado Algunos de los que están allí me reconocen, se ríen y me miran en plan «este está chalao». Yo, que me doy cuenta, me rio a carcajadas mientras sigo. Y ¡Allí está Gala» y grita ¡Corre más papá! Muero de amor. La cojo en brazo y seguimos juntos, y cruzamos la meta de un salto.

21km con 1.500m D+ en 2h46′ –

9º Veterano y 36º en la General.

Laia me manda un audio; se ríe mientras dices «No calía Nico, pero bé!».

¡Ha empezado la temporada 2021!

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