Trail Cap de Creus Maraton 2022

Trail Cap de Creus 2022

Ya es viernes, y este fin de semana toca carrera: la última vez que corrí aquí, la cosa no me salió nada bien y, cuando me tocaba la revancha, el COVID no nos dejó volver a intentarlo. Pero este año sí: toca TRAIL CAP DE CREUS. Llevo días bastante nervioso; Cap de Creus para mi es un lugar mágico. Conozco bien sus senderos y pistas, sus riscos y acantilados, sus caídas al mar y su Tramontana. Mediterráneo pero pirenaico a la vez. También conozco el recorrido, lo tengo bastante estudiado, y hace solo una semanas competí por aquí (en la Costa Brava Stage Run 2022)… Pero, a pesar de todo, estoy nervioso. Pasaremos unos días en Cadaqués, mis padres también vendrán, y se unirá a nosotros mi tío, al que no veo desde hace casi 10 años (viene de Italia) ¿Tal vez sea por eso? Puede, la verdad es que ni lo sabía ni lo sé. Pero me siento inquieto. 

El viernes transcurre bastante frenético: por la mañana, en la oficina, tengo mucho trabajo, igual que el resto de la semana, y hasta el medio día no podemos escaparnos a casa a preparar las maletas. No hay tiempo para comer «ya comeremos de camino», decimos, y vamos a buscar a Gala a la guardería, con el coche ya cargado, y nos ponemos rumbo al norte. Llegamos a Cadaqués sobre las 16:30. Mis padres y mi tío ya están allí; deshacemos las maletas y nos vamos a tomas algo juntos. Yo pido una cerveza 0,0, y con eso tiro hasta la hora de cenar. Admito ante todos estar nervioso y, por mucho que intenten tranquilizar, yo sigo en mi bucle. Les explico el planning, repasamos los puntos de paso, les digo qué necesitaré en cada uno de ellos y como les indicaré cada cosa. Queda todo entendido. 

Nos vamos a cenar pronto, sobre las 20:00. Hacemos un poco de picoteo, y yo como un poco de arroz con curry (medio plato) y un poco de carpaccio de buey, y me bebo otra 0,0 y agua con gas. 

Entre pitos y flautas me voy a dormir a las 23:00, dejándolo todo preparado para el día siguiente. 

A las 5:30 suena el despertador, y a las 6:00 ya estoy en el coche; llego a Roses con tiempo, recojo el dorsal, voy al baño (bueno, lo intento), y me acabo de preparar. Cuando mi padre y mi tío llegan a Roses yo estoy calentando. El ojo derecho no para de lagrimar, tengo alergia, y me pica bastante, un rollo. 

Me coloco en el cajón de salida, está todo preparado. Volvemos a estar aquí. Parece que va a hacer un muy buen día, mis seres queridos están cerca, y yo he hecho los deberes. Sigo inquierto, algo se remueve en mi, y no se qué es. Pero oye, ante la incertidumbre ¡Tu corre! Y ya se verá. Y así arranco, nervioso, pero lleno de ilusión, con ganas de volverme a medir conmigo mismo. Vamos a ver qué seremos capaces hoy.

Y allí vamos, decididos a cumplir lo planeado: vamos a salir rápidos, los primeros 4km a ritmo medio de 4’20», hay que evitar el tapón que se hace antes de la primera subida. La vez anterior que corrí Trail Cap de Creus ese fue el principal problema, ya que me vi  atrapado en una larguísima cola hacia la cima del primer asenso, que me retrasó muchísimo. 

Esa primera subida es un muro de 600m+ en una subida de unos 4km; este segundo tramo, tras los primeros 4km fuertes iniciales (que son mas o menos llanos), lo vamos a hacer «alegre», pero reservando y, a partir de allí, en la bajada hasta Port de la Selva ya veremos cómo estamos y que tal nos sentimos, con idea de ir mejorando ritmo según avanzamos. 

La competición tenía que empezar a las 8, pero finalmente hemos salido a las 7, para tratar de evitar las horas de más calor. Yo no estoy demasiado preocupado, sé que hará calor, pero cuento con la tramontana, que allá arriba no suele aflojar. Será ella quien nos ayude esta vez, manteniéndonos frescos. 

Solo son las 9 de la mañana, y ya hace calor, mucho calor, y yo, que llevo escasas 2 horas corriendo, ya muestro claros signos de agotamiento.

Llego a Cadaqués vacío. No me lo explico. He salido fuerte, me sentía bien, al llegar a la primera cima mi padre me pregunto «¿Como vamos?», Yo lo miré y con un guiño le respondí,  seguro de mi mismo, «¡Bien!» 

Pero ya, llegados a Port de la Selva, empecé a notar que tal vez debía dosificar las fuerzas, pero seguí igual… Y ahora estoy aquí, tirándome agua en la cabeza, en las piernas, en el cuello… Bebo 1,5L de agua con gas, recargo la mochila con 2 flasks de 500cl de @tailwind_es y otro 500ml de agua sola en el cinturón de Naked . Mis padres, mi tío, me miran preocupados. Mariona me ha visto unos minutos antes, no he tenido que decirle nada, ha visto enseguida que la cosa no iba bien. 

Cierro los ojos un momento, busco la chispa en mi, me centro. «¡CALMA!» Digo en voz alta mientras sonrío. Y arranco de nuevo. No se cómo voy a hacerlo, correr ahora mismo me parece imposible. Ya veremos, ahora toca caminar, conozco bien la subida que tenemos por delante, así que «CALMA». 

Tras unos minutos, poco a poco, vuelven las fuerzas, pero el sol nos atenaza y la tramontana, tan esperada, no sopla. No hay aire, el ambiente es húmedo, el polvo, la sal… A pesar de todo me doy cuenta de que, al menos en subida, puedo seguir dando guerra. Aprovecho las pendientes para ganar posiciones, y en llano intento mantener un ritmo conservador, pero en bajada ya no soy rival para nadie. La estrategia funciona. Recupero posiciones, y las mantengo. Estoy muy lejos de donde esperaba estar, el plan se ha ido al traste, pero seguimos adelante: ahora el plan es hacerlo lo mejor posible, convertir estos momentos en una experiencia, en un entrenamiento frente a momentos duros. 

Pasan los kilómetros, me adelantan las tres primeras mujeres, que llegan frescas, fuertes y ligeras. Las admiro mucho. 

En la última subida gano 5 posiciones, pero las vuelvo a perder en la bajada que nos lleva hasta Roses. Justo antes de la bajada, en el último avituallamiento, me viene a la cabeza Laia (mi entrenadora), y me imagino como se reiría animándome «¡Venga va!». Me río. 

Los últimos 600 metros los vivo como una odisea, hasta me planteo parar y llegar andando… Solo son 600 metros, pero no puedo explicar lo largos que me parecieron y lo mal que lo pasé. Un compañero corría a unos 80 o 100 metros por delante de mi y, mientras yo trataba de mantener un ritmo lento pero estable, veía como él se iba parando, recuperaba aliento, y volvía a arrancar; «parece que no soy el único jodido», me digo para mi mismo. Se me pasa por la cabeza tratar de adelantarle e incluso intento acelerar, pero las patas me contestan que si quiero correr más rápido, no cuente con ellas.  

Sigo, no sé cómo, pero sigo. Y allí están, como siempre. Gala grita y me aplaude, Mariona me persigue hasta la meta.

Hemos llegado, 1h justa más tarde de lo previsto. Esta vez no salió bien. Pero lo hicimos, lo vivimos, lo luchamos: y eso no me lo quita nadie.

Una semana tras la competición, sigo reflexionando; le doy vueltas a qué puedo haber salido mal. Me preocupa Bastions, está a tocar de mano, y no quiero que salga mal ¡Tiene que ir bien! ¡Tengo tantas ganas de alta montaña! Pienso en los entrenos previos, en si había dormido poco, sobre todo en el calor que hizo, que es lo que creo que he pudo afectar más… Y entonces, «sin más», me doy cuenta. La semana previa a la competición comí como cualquier otras semana y, lo que es peor, el día antes no comí, casi no cené y ¡NO DESAYUNÉ NADA! Me olvidé del desayuno, pese a tenerlo preparado. Un desastre total. Pienso en mi sensación tras solo 10km de competición, ese agotamiento, ese «esto no tira», y me doy cuenta de lo tonto que fui. 

Muy lejos de ser un consuelo, se convierte en una tortura ¿Cómo me habría ido si hubiese comido bien? … En fin, nunca lo sabremos 😉 

Unas semanas más tarde correría Ultra Bastions (70km +5500m); la historia sería bastante distinta a ésta. 🙂 

 

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